La Pizzería, un comer italiano que puede dar adicción

El nombre, ecléctico y generalista para un restaurante italiano, puede que nos haga pensar a una de las tantas réplicas de pizzería italiana al extranjero, pero no nos debemos dejar engañar.

La Pizzería de calle Barquillo, en pleno corazón de Chueca, podría ubicarse perfectamente en un barrio italiano sin que los indígenas notaran las diferencias. Nos reciben con acento argentino, pero el ambiente es cosmopolita, así como lo ha sido por la pizza, quizás el plato más internacional del mundo.

Mateo, el manager, nos cuenta que la intención del local es volver a los orígenes de la restauración trasalpina, que tantos manoseos indeseados ha sufrido. Es, por tanto, una recuperación de las esencias por lo simple y los ingredientes de calidad, con un servicio cálido e impecable. Pero tampoco nos debemos dejar engañar que la pizza sea el único plato estrella. La Pizzería es como una ópera magistral con un gran reparto de actores, cada uno con su protagonismo: una selección de antipasti y pastas frescas y secas de todo respeto. Para ello, se apoyan en otra cabecera del grupo, Laboratorio de Pastas, en el que producen artesanalmente todas sus pastas y venden directamente a través de locales propios, nutridos también con un amplio catálogo de productos italianos.

Desde su entrada, el local es toda una carta de intenciones: con una decoración entre el vintage y el country-chic, que nos sumerge en una atmósfera familiar, muy acogedora con una barra que domina el espacio. La sala del restaurante se encuentra en la planta inferior a la que se accede a través de una excéntrica escalera de líneas verticales negras y blancas.

El ambiente de la sala nos recuerda el salón de una casa: una chimenea amplia y acogedora, plantas, una mesa ancha para compartir asientos, sofás con cojines de cuadros de respaldo, techo bajo con lámparas, paredes de madera clara decoradas con cuadros, espejos y baldas. Todo en los tonos de blanco, rojo y negro.

Abrimos un excelente Lambrusco de Modena y nos relajamos esperando los antipasti que llegan ardiendo en cazuelas de barro. Una Parmigiana di melanzane, un parmesana de berenjena con tomate y pimiento rojo, servida a modo de lasaña, donde el queso se deshilacha como tiene que ser. De la misma manera la Provoletta al forno, con queso provolone, que se funde junto a un perfumado mix de hierbas. Entre los “must” del local destacan los Malfatti de ricota y espinacas, una especie de mini albóndigas de pasta, acompañadas de una salsa de tomate fresco y albahaca, un pequeño gran descubrimiento.

 

No nos podíamos ir de allí sin probar la pizza de la casa, con una masa de más de 48 horas de fermentación, lo que siempre ayuda a su fácil digestión, pero sin olvidar su cuidado por un sabor pleno y esponjoso. Sobre la masa, una generosa mozzarella, recubierta de jamón de Parma, rúcula y escamas de parmesano.

Mientras cenamos, nos damos cuenta de los clientes entre semana son locales, clientes fijos, que repiten porque se sienten como en casa, pero por la ubicación del local, en fiestas, puentes o fin de semana los ritmos aumentan debido a la gran afluencia de turistas.

Nos queda hueco para algo dulce, y como los postres son todos caseros, probamos una degustación de los más vendidos en la que sobresalía un brownie y un tiramisú excepcionales.

No obstante, su recién apertura, sin duda, La Pizzería ya se ha convertido en un referente de la cocina italiana de calidad en Madrid. Un lugar familiar e informal donde apetece volver.

Dirección: Calle del Barquillo, 20, 28004, Chueca. 914 44 54 50

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