Lunes, febrero 26, 2024

Antioxidantes endógenos, los guardianes de la salud y la longevidad

La respiración es fundamental para la existencia, sin embargo, conlleva el proceso de oxidación. A través del intercambio gaseoso entre el organismo y la atmósfera, donde se intercambia oxígeno por dióxido de carbono, las células generan energía, pero este proceso también desencadena la formación de radicales libres, notorios antagonistas biológicos.

Estos radicales libres, al carecer de un electrón emparejado, buscan estabilizarse mediante la toma de electrones de otras moléculas en el cuerpo, lo que puede desencadenar reacciones en cadena y daño celular, ya que tienen la capacidad de alterar la estructura química de las células.

La presencia de radicales libres, especialmente en niveles elevados, conduce al fenómeno conocido como estrés oxidativo, vinculado a diversas condiciones crónicas, entre las que se incluyen enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y trastornos neurodegenerativos.

Su acción perniciosa puede llevar a estados inflamatorios (una parte natural de la defensa contra lesiones e infecciones) y, por lo tanto, al envejecimiento. En este complejo equilibrio, los antioxidantes emergen como los defensores celulares, explica desde Neolife el doctor César Montiel

Estos escudos en forma de proteínas pueden ser endógenos y exógenos. Los primeros son los que producimos de manera natural y los segundos los que obtenemos de fuentes externas como los alimentos. Estas sustancias químicas tienen la capacidad única de donar electrones sin volverse inestables, neutralizando así la actividad perjudicial de los radicales libres. Un adecuado equilibrio entre antioxidantes y radicales libres es esencial para preservar la integridad celular y prevenir enfermedades asociadas con el estrés oxidativo, estableciendo así la importancia crucial de una dieta rica en antioxidantes y un estilo de vida saludable.

De todos ellos, por su acción benefactora, el nutricionista de  los mismos centros antiage David Baeza destaca cuatro: el glutatión, la coenzima Q10, la superóxido dismutasa y la catalasa.

El glutatión, la “joya de nuestra biología” que se produce en el hígado y está presente en la gran mayoría de células del organismo, explica, no sólo es un arma de primer orden contra los radicales libres, sino que también desempeña un papel crítico en el proceso de desintoxicación del cuerpo, ayudando a eliminar compuestos tóxicos y productos de desecho. Es uno de los antioxidantes endógenos más potentes del cuerpo.

Las espinacas, los huevos, el brócoli, el aguacate y el ajo son alimentos comunes en la dieta mediterránea en los que podemos encontrar buenos niveles de glutatión. Para estados carenciales de esta sustancia, la propuesta es la suplementación con N-acetilcisteína (NAC), un precursor del glutatión que ha demostrado ser efectiva para aumentar sus niveles. También el consumo de proteína de suero de leche.

La CQ10 es el segundo antioxidante imprescindible en la lista de los expertos en medicina antienvejecimiento. Contribuye a la prevención de accidentes cardiovasculares y se han estudiado también la relación entre sus niveles bajos con la resistencia a la insulina y con mejoras en el equilibrio de la piel.

Podemos encontrar esta molécula en alimentos sencillos y sanos como las legumbres —guisantes y lentejas—, el pescado azul (desde el jurel hasta el salmón pasando por los boquerones) y en verduras como el brócoli y las espinacas. Lo contienen también los huevos y las carnes rojas. Para el mantenimiento de niveles óptimos Neoactives propone NeocoQ10 Ubiquinol, una ayuda en casos de falta de energía, cuando se consumen fármacos y en caso de enfermedad.

A pesar de ser muy poco conocida, la superoxido dismutasa (SOD), es uno de los escudos más efectivos contra la oxidación. Se encarga de convertir los radicales libres superóxido en formas menos dañinas de oxígeno y peróxido de hidrógeno. También es notable su ayuda contra agentes externos nocivos para la salud, como, por ejemplo, el tabaco, la exposición al sol o la contaminación ambiental.

La dieta, una vez más, tiene una de las llaves para mantener unos buenos niveles de esta enzima. El brócoli repite aquí protagonismo y son destacables los efectos positivos de las crucíferas y el melón.

Aunque la SOD es producida naturalmente en el cuerpo, su actividad puede disminuir con el tiempo, lo que ha llevado a la investigación sobre el uso de suplementos de SOD para contrarrestar el envejecimiento y promover la salud, indica el doctor Montiel.

La SOD realiza un trabajo conjunto con el cuarto elemento antiedad, la catalasa. Esta otra encima trabaja acelerando la descomposición del peróxido de hidrógeno en agua y oxígeno. Esta acción es crucial, ya que el peróxido de hidrógeno es una molécula que puede ser dañina para nuestras células si se acumula en exceso.

Además de este importante papel, la catalasa también se considera un marcador de longevidad. Se ha observado que las especies de mamíferos más longevas, como las tortugas, tienen niveles más altos de catalasa en sus células. Esto sugiere una conexión entre la presencia de catalasa y la capacidad de un organismo para resistir el envejecimiento.

Los plátanos, los puerros, el rábano y la sandía son una fuente natural de catalasa.

Alimentos y suplementos resultan fundamentales en la búsqueda de una mayor calidad y cantidad de estos antioxidantes. Es importante considerar estrategias para mantener y optimizar su función, ya sea a través de cambios en la dieta, la suplementación con nutrientes específicos o la adopción de un estilo de vida saludable que reduzca la exposición al estrés oxidativo.

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