Matan a Alexander Aslani: ¿arruinar una carrera en OnlyFans puede costar una fortuna o incluso la vida?

Un hombre encapuchado entra en una clínica de cirugía estética de Real Panorama, dispara varias veces contra el cirujano Alexander Aslani, de 57 años, y escapa en una motocicleta
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La escena tiene algo de película, aunque ocurrió ayer por la tarde en Marbella y la investigación policial está todavía en sus primeras horas: un hombre encapuchado entra en una clínica de cirugía estética de Real Panorama, dispara varias veces contra el cirujano Alexander Aslani, de 57 años, y escapa en una motocicleta. Los servicios sanitarios intentan salvarle la vida sin éxito. No hay detenidos y tampoco existe, por ahora, una explicación oficial sobre el móvil. La hipótesis inicial de un ajuste de cuentas vinculado al crimen organizado ha sido descartada por la Policía, que mantiene abiertas distintas líneas de investigación, entre ellas la posibilidad de que el ataque pudiera haber sido encargado por un cliente.

Conviene detenerse precisamente ahí. En las horas posteriores a un asesinato tan espectacular resulta tentador completar los huecos con aquello que encaja en el imaginario de Marbella: dinero, lujo, extranjeros, noche, drogas, mafias, deudas o amistades peligrosas. Nada de eso está acreditado en este caso. Tampoco conozco personalmente a Alexander Aslani ni dispongo de información privada sobre su vida. Lo que sí permite reconstruir su trayectoria es una abundante huella pública, profesional y digital que dibuja un personaje mucho más interesante que el simple titular de «cirujano plástico asesinado».

Aslani había construido durante más de tres décadas una posición internacional en la cirugía plástica, con unas 14.000 intervenciones declaradas por su clínica y más de 7.000 casos especializados en remodelación corporal. Fue jefe de Cirugía Plástica de Quirón Málaga y Marbella entre 2008 y 2018, fundó Cirumed y desarrolló una especialización particularmente asociada al contorno corporal y al Brazilian Butt Lift, el conocido BBL. Su nombre aparece además en publicaciones científicas y en congresos internacionales de cirugía estética.

Su otra gran plataforma de influencia estaba en Instagram. Su cuenta profesional rondaba los 200.000 seguidores y formaba parte de una estrategia de comunicación muy vinculada a la imagen, los resultados quirúrgicos y la exposición pública de sus pacientes. En Cirumed pueden encontrarse casos de figuras de las redes sociales, entre ellos Claudia Bavel, presentada expresamente como paciente de una intervención de glúteos. La propia clínica convirtió algunos de esos resultados en parte de su escaparate internacional.

Hay un documento particularmente revelador para entender ese universo. No procede de un periodista ni de una fuente anónima: está publicado por la propia Cirumed y firmado por Alexander Aslani. El título en inglés es directo: «How a BBL Can Help You Get OnlyFans». El artículo explica a los creadores de contenido cómo una intervención puede mejorar su presencia visual, aumentar el engagement, favorecer la captación de suscriptores y abrir oportunidades comerciales. Habla de seguidores, ingresos, patrocinios, colaboraciones y de la cirugía como una inversión en la carrera de una creadora digital.

La frase resulta especialmente significativa después de su muerte, aunque no permita establecer ninguna relación causal con ella: en ese ecosistema, el cuerpo había dejado de ser exclusivamente una cuestión médica o estética para entrar de lleno en la economía de la atención. Un buen resultado quirúrgico podía formar parte de una marca personal, de una cuenta de Instagram, de un perfil de OnlyFans y, en determinados casos, de una fuente de ingresos considerable.

Marbella era el escenario perfecto para esa intersección. La ciudad concentra turismo internacional de alto poder adquisitivo, industria estética, hospitalidad de lujo, influencers, empresarios, deportistas, modelos y una población flotante acostumbrada a pagar cantidades importantes por privacidad, imagen y servicios especializados. Cirumed había desarrollado incluso una infraestructura específica para pacientes internacionales, con alojamiento, transporte y cuidados posteriores vinculados a sus intervenciones.

La relación entre cirugía, redes sociales y reputación tampoco estuvo exenta de conflictos. Uno de los episodios documentados públicamente fue el litigio de Aslani contra la influencer británica Paulina Sobierajska. Había sido paciente de Cirumed y se sometió a tres intervenciones entre 2018 y 2020. Posteriormente publicó contenidos críticos sobre el cirujano en Instagram. En 2021, el Tribunal Superior de Justicia británico dictó una sentencia por defecto que estableció 40.000 libras en concepto de daños, además de costas, y una orden que impedía publicar determinadas acusaciones consideradas difamatorias. El caso llegó posteriormente al Tribunal de Apelación, que en 2025 desestimó el recurso planteado por Aslani en una cuestión procesal relacionada con aquel litigio.

Ese episodio merece ser contado con precisión. No fue un juicio por negligencia médica ni una sentencia que estableciera que una paciente hubiera sufrido una mala praxis. Fue un litigio por difamación relacionado con publicaciones realizadas en redes sociales. El dato resulta relevante precisamente por lo que representa: la reputación de un cirujano que trabaja con pacientes internacionales y figuras públicas puede formar parte de una cadena de valor económica extraordinariamente expuesta. Una experiencia médica puede terminar convertida en contenido; ese contenido puede afectar a la imagen del paciente, a la del médico y a la de una clínica entera.

Un cirujano plástico que trabaja con pacientes anónimos puede permanecer relativamente protegido dentro de la relación médico-paciente. Un cirujano que trabaja además con modelos, influencers, creadoras de contenido y personas cuya apariencia constituye una parte esencial de su patrimonio profesional trabaja en un territorio distinto. Está interviniendo sobre algo que, para determinados pacientes, tiene un valor económico directo.

Modificar un cuerpo puede significar modificar una marca personal. Una cicatriz, un resultado insatisfactorio, una fotografía publicada antes de tiempo, una complicación, una disputa económica o una acusación difundida ante cientos de miles de seguidores pueden adquirir una dimensión completamente diferente a la de una controversia médica convencional.

Eso tampoco significa que el asesinato de Alexander Aslani tenga relación con ninguna de estas circunstancias. No hay pruebas públicas que permitan afirmarlo. La Policía investiga y será la investigación la que determine qué ocurrió y por qué.

Existe, sin embargo, una reflexión inevitable sobre el lugar en el que ocurrió.

Marbella ha construido durante décadas una economía extraordinariamente potente alrededor del éxito: personas con grandes patrimonios, empresarios internacionales, lujo residencial, hoteles, restauración, yates, coches, clínicas, despachos profesionales, seguridad privada y una industria de servicios diseñada alrededor de quienes pueden pagarla. Esa concentración de dinero forma parte de la identidad económica de la ciudad y explica buena parte de su atractivo internacional.

También genera una exposición particular. Las profesiones que trabajan alrededor del patrimonio, la imagen, la salud o la reputación de personas muy poderosas manejan información, expectativas y relaciones que pueden tener un valor enorme. Médicos, abogados, asesores financieros, agentes inmobiliarios, relaciones públicas, gestores de patrimonio o profesionales de la seguridad conocen una parte de la vida de personas que, en ocasiones, tienen mucho que perder.

La fama funciona de manera parecida. En determinadas comunidades digitales, arruinar la reputación profesional de alguien puede ser mucho más sencillo que hace una década y alcanzar a miles de personas en cuestión de minutos. Un perfil de Instagram puede ser una herramienta comercial formidable y, al mismo tiempo, un altavoz capaz de multiplicar un conflicto privado.

Alexander Aslani había construido una carrera singular en la intersección entre medicina, cirugía estética, lujo internacional y economía digital. Su propia comunicación comercial hablaba abiertamente de ayudar a las creadoras de OnlyFans a mejorar su imagen y aumentar sus oportunidades económicas. Su clínica atraía pacientes extranjeros que conocían su trabajo a través de las redes y viajaban a Marbella para operarse. Su nombre aparecía asociado a casos de influencers y personalidades de internet. Y su propia trayectoria demuestra hasta qué punto la cirugía estética contemporánea puede estar conectada con una industria en la que la apariencia tiene un precio a veces muy alto.

Los tiroteos vinculados a mafias internacionales, tráfico de drogas y arreglo de cuentas forman parte de una realidad que la ciudad conoce, aunque la percepción de inseguridad tenga otro color cuando quienes se mueven en esos círculos conducen coches de alta gama, frecuentan restaurantes exclusivos y pueden confundirse con cualquier empresario o visitante adinerado.

Quizá ahí esté uno de los riesgos de Marbella: que la apariencia no avisa. En una ciudad donde dinero, fama, imagen y poder circulan por los mismos espacios, nunca resulta sencillo saber quién está realmente sentado en la mesa de al lado.