Los placeres se repiten. Probamos un menú idílico para un almuerzo relajado entre amigos y familia donde el producto, el color y un postre escenográfico se llevan todo el protagonismo.
A unas semanas de su inauguración primaveral, quisimos comprobar cómo se vive la auténtica experiencia Frou Frou a mesa puesta. Estuvimos comiendo en la terraza y, más allá del despliegue de diseño y su impecable ubicación en Playas del Duque, lo que realmente nos cautivó fue la cocina. Para un almuerzo o cena de verano con amigos o en familia, la propuesta actual es simplemente imbatible: una combinación fresca, ligera, muy sabrosa y visualmente espectacular.

A pesar de encontrarse en el epicentro del lujo de Puerto Banús, el restaurante consigue desmarcarse de las rigideces habituales, manteniendo la elegancia propia del local. El servicio te envuelve desde el primer minuto con una atención excelente y una amabilidad tan natural que invita a relajarse y olvidarse por completo del reloj.
Cada elección es un acierto, pero aquí os dejamos nuestra selección de platos probados, un recorrido ideal pensado para disfrutar en compañía.

El arranque frío: frescura y precisión técnica
Para abrir boca en los días de calor, la carta diseñada por el Chef Sergey Yurchyshyn apuesta por la ligereza sin restar un ápice de potencia al sabor. Optamos por dos entrantes fríos que son pura delicadeza visual sobre la mesa:
- El carpaccio de pulpo: Cortado con una precisión milimétrica, tierno y potenciado con el toque justo de bottarga, que le aporta ese punto salino y profundo tan mediterráneo.
- El carpaccio de ternera: recubierto de parmesano y trufa, sedoso y jugoso, con un equilibrio de aderezos excelente que respeta la calidad de la materia prima.
Ambos platos llegan con emplatados que son el vivo reflejo del alma de Frou Frou: presentaciones florales, frescas y rebosantes de vida que entran por los ojos antes del primer bocado.


Los principales calientes: tradición y brasa generosa
El ritmo del almuerzo continuó con dos propuestas calientes que demuestran que en este espacio conviven la técnica contemporánea y el respeto por los platos reconfortantes:
- El pulpo braseado: Con esa textura exterior crujiente tan codiciada y un interior meloso, servido sobre un puré terso y guarniciones que redondean un plato redondo.
- El pollo asado en cazuela: Una delicia jugosa que llega a la mesa en su propio jugo de cocción y un punto de dulzor con las ciruelas, concentrando todo el sabor de la cocina tradicional pero ejecutado con un listón de alta gama.


El gran final: la octava maravilla del turrón
Si los platos principales ya justifican la visita, el postre merece un capítulo aparte. Teníamos altas expectativas con el apartado dulce de Frou Frou, pero el semifreddo de turrón con crema de pistacho nos dejó sin palabras.
No es solo que esté espectacular —una combinación de texturas y temperaturas donde el pistacho abraza la cremosidad del turrón—, sino que la presentación es pura magia escenográfica. Los camareros sacan a la sala un imponente bloque de turrón de 4 kilos y, en directo frente a la mesa, realizan el corte y el emplatado final. Un auténtico espectáculo visual que corta la respiración (y que va directo a vuestras historias de Instagram).

Frou Frou demuestra en cada sobremesa que el producto excelente y la creatividad no tienen por qué ser ceremoniosos. Comer bien, en un ambiente relajado y con un servicio que te mima, sigue siendo el mayor lujo de la Costa del Sol.
Reservas a través de: +34 641 792 232 , reservations@froufrou-sp.com




