Domingo, mayo 10, 2026

Málaga, epicentro de la conversación sobre talento e IA

La inteligencia artificial ya no pertenece al futuro ni a los departamentos técnicos. Se ha integrado, casi sin ruido, en la forma en la que trabajamos, tomamos decisiones y nos relacionamos dentro de las empresas. Lo interesante no es solo su impacto en la productividad, sino cómo está empezando a redefinir algo mucho más amplio: la experiencia de trabajar y el bienestar asociado a ella.

Hoy, cerca de un 28% de los departamentos de Recursos Humanos ya utiliza IA para anticipar riesgos como el absentismo y diseñar estrategias preventivas. Detrás de este dato hay un cambio de paradigma: pasar de reaccionar a los problemas a anticiparlos y gestionarlos de forma más personalizada.

Este cambio será uno de los grandes ejes de Digital Enterprise Show 2026, que se celebrará del 9 al 11 de junio en Málaga. El encuentro, considerado uno de los principales foros europeos sobre tecnologías exponenciales, pondrá el foco en cómo la inteligencia artificial está transformando el desarrollo del talento y la cultura empresarial.

Entre las voces clave destaca Ángel Sáenz de Cenzano, responsable de LinkedIn para España y Portugal, que abordará tanto las oportunidades como los desafíos que plantea la IA en la gestión de personas. Un equilibrio necesario en un momento en el que la automatización convive con preguntas sobre ética, sesgos y toma de decisiones.

Más allá de la eficiencia, el discurso está girando hacia el bienestar. Las empresas empiezan a entender que la productividad sostenible no se construye solo con herramientas, sino con equipos sanos, motivados y equilibrados.

Un ejemplo claro es el de Repsol, que presentará su sistema SaludIA, una solución basada en inteligencia artificial que permite diseñar estrategias de salud personalizadas para cada empleado. La propuesta no se limita a monitorizar, sino que busca anticipar riesgos y mejorar la calidad de vida laboral de forma proactiva.

Profesionales como Enrique Fernández o Cristina Ordóñez compartirán cómo este tipo de iniciativas están redefiniendo la relación entre empresa y empleado.

La conversación ya no gira solo en torno a la digitalización, sino a cómo integrarla sin perder el factor humano. Directivos de compañías como Ferrovial o Alsea pondrán sobre la mesa una idea cada vez más presente: la salud mental y física son variables estratégicas, no complementarias.

En paralelo, desde Ferrer se abordará un aspecto menos visible pero crucial: la necesidad de generar conversación interna. La adopción tecnológica no depende solo de implantar sistemas, sino de construir confianza, cultura y sentido.

El impacto de la IA también está transformando la educación y el aprendizaje profesional. Conceptos como reskilling o upskilling han dejado de ser tendencias para convertirse en necesidad estructural.

Expertos vinculados a instituciones como IE University o Universidad Complutense de Madrid explorarán cómo las plataformas basadas en inteligencia artificial están creando entornos de aprendizaje más flexibles, personalizados y continuos. El modelo tradicional —lineal y homogéneo— da paso a un ecosistema dinámico donde cada profesional aprende a su ritmo, en función de sus necesidades y contexto.

A medida que la inteligencia artificial gana protagonismo, también lo hacen sus riesgos. La calidad de los datos, los sesgos y la falta de diversidad pueden traducirse en decisiones poco precisas o incluso injustas. Especialistas como Azahara Corrales pondrán el foco en la necesidad de democratizar el acceso a la IA y garantizar su uso ético, especialmente en entornos donde impacta directamente en las personas.

El impacto de la digitalización no se limita al entorno corporativo. Iniciativas como UNICEF o la Unión Internacional de Telecomunicaciones, a través del proyecto GIGA, buscan conectar todas las escuelas del mundo a internet, ampliando el acceso a la educación en un contexto cada vez más digital.

Lo que emerge de todo este movimiento no es solo una transformación tecnológica, sino cultural. La inteligencia artificial está obligando a replantear cómo trabajamos, cómo aprendemos y, en última instancia, cómo queremos vivir. El verdadero reto ya no es adaptarse a la tecnología, sino integrarla de forma que sume: que libere tiempo, reduzca fricción y mejore el bienestar. Porque en esa ecuación, más que nunca, el futuro del trabajo se parece mucho al futuro del estilo de vida.

(Fotos libres de derechos, cedidas para su difusión)

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