Si el verano está congestionado por el ruido y las tendencias efímeras, Sotogrande lo aborda al compás del galope sobre la hierba. Desde que en el verano de 1965 Enrique Zóbel y la familia fundadora del enclave trajeran el polo desde Filipinas a una rudimentaria pista junto al mar —la mítica y ya legendaria “cancha de la playa”, donde hoy se asienta Trocadero—, Sotogrande ha construido su reputación sobre una fórmula difícil de replicar: sofisticación sin estridencias, tradición familiar y deporte de élite.
Este 2026, el Torneo Internacional de Polo cumple 55 ediciones en el circuito de Ayala Polo Club. Más de medio siglo después, la cita no solo no ha perdido un ápice de su magnetismo, sino que se confirma como la gran capital del estilo de vida mediterráneo más reservado y selecto.

El tablero mundial del ‘alto hándicap’
Durante los meses de julio y agosto, el centro de gravedad del polo global se desplaza al sur de España. Esta temporada reunirá a cerca de un centenar de profesionales repartidos en 24 equipos internacionales procedentes de más de una docena de países, desde Argentina, Reino Unido o Estados Unidos hasta Brunei, Emiratos Árabes Unidos o Corea del Sur.
Ver jugar en directo a figuras de la talla de Barto Castagnola —vigente defensor de la Copa de Plata y de Oro—, Poroto Cambiaso, Facundo Pieres o Pablo Mac Donough a pocos metros de la cancha es una experiencia atípica. Aquí no hay barreras infranqueables ni estadios multitudinarios; el deporte de máximo nivel se sigue con una copa de champán en la mano, bajo la sombra de las palmeras y en una atmósfera de elegancia relajada.
Pero reducir Sotogrande al marcador deportivo sería obviar la mitad de la historia. El torneo ha vuelto a desplegar una agenda social donde coinciden nombres habituales de las crónicas de estilo, miembros de familias reales y rostros de la moda o la empresa. Por sus palcos y terrazas se ha dejado ver a lo largo de los años a personalidades como Don Juan Carlos, los duques de Huéscar —Sofía Palazuelo y Fernando Fitz-James Stuart—, Eugenia Silva, Nieves Álvarez, Inés Sastre o Ana Rosa Quintana.
El plan estival sigue un ritual casi inamovible:
- Partidos al caer la tarde, cuando la brisa del Estrecho suaviza las temperaturas.
- Asados, cócteles de autor y música en directo que prolongan el atardecer en los jardines de Ayala.
- Alta gastronomía y compras de diseño en los puestos y pop-ups que salpican el recinto.

Un impacto de más de 13 millones en el destino
Detrás del magnetismo social y el ambiente distendido hay una maquinaria organizativa perfectamente engrasada. La temporada moviliza un dispositivo de más de 130 profesionales y atrae en cada edición a cerca de 50.000 asistentes, generando un impacto económico en la zona que supera los 13,4 millones de euros.
A diferencia de otros destinos estivales obsesionados con la novedad, Sotogrande demuestra que su mayor valor sigue siendo el mismo de hace 55 años: haber sabido conservar la esencia de un verano atemporal.




