ANCALA: una mesa en Sotogrande que define el plan entero

Hay restaurantes que cumplen y otros que reorganizan el día. ANCALA juega en esa segunda liga. Situado en La Reserva Club de Sotogrande, dentro del espacio de The Beach, funciona como un pequeño desvío que acaba convirtiéndose en destino.

El acceso rompe con la lógica habitual del beach club. No hace falta hamaca ni planning previo: una reserva en el restaurante basta para entrar en el circuito. A partir de ahí, el entorno empuja. Arena fina, laguna deportiva, vegetación y una atmósfera que baja revoluciones sin esfuerzo.

La cocina, dirigida por Alberto Sarmiento, se apoya en una base mediterránea con guiños nikkei bien integrados. Nada de fuegos artificiales: producto, técnica y criterio. El nombre —ANCALA— resume esa intención de casa abierta con identidad local.

Los arroces marcan el paso. El campero con presa ibérica, el negro con pulpo o el caldoso de bogavante sostienen una propuesta pensada para compartir y alargar la sobremesa. Texturas afinadas, fondos bien trabajados y ese punto exacto que evita la rigidez.

El resto de la carta acompaña sin distraer: niguiris crujientes, tacos de vieira con matices de miso, brasas que cumplen —verdura, carne— y una coctelería que entra en escena con naturalidad. Todo encaja en un ritmo progresivo, sin picos innecesarios.

Sotogrande lleva tiempo afinando un perfil más discreto, menos obvio que otros destinos de la costa. ANCALA encaja ahí: cocina sólida, entorno medido y margen para improvisar.

La cuenta llega, pero el plan sigue y el disfrute también. Esa es la diferencia.

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